Trufa de verano: ya podemos disfrutar de este exquisito manjar

Con la llegada de los meses de calor, llega la temporada de la trufa de verano. Desde mayo y hasta el mes de agosto, los recolectores se ponen manos a la obra, y con la ayuda de los perros truferos, gracias a su increíble olfato, son capaces de localizar este producto gastronómico de alta calidad.

Condiciones de fructificación

La Tuber Aestivum se puede encontrar enterrada o semienterrada a poca profundidad, en zonas de suelo seco, en tierra caliza y arcillosa. Se puede encontrar bajo las piedras, así como pegadas a la raíz de los árboles truferos o cerca del tronco. Cuanto más húmeda sea la zona, mayor posibilidad de desarrollo. Las condiciones para su enraizamiento no son muy exigentes. Bien es cierto que Aragón es de las comunidades autónomas en la que la cultura trufera está muy arraigada.

Aunque las características del terreno son más laxas a la hora de estimular su crecimiento, las condiciones climatológicas sí que son más concretas, por eso, la trufa de verano recibe este nombre. La recolección tiene lugar en la época estival, en zonas de clima mediterráneo, como tienen España, Italia o el sur de Francia. No obstante, se pueden encontrar algunas fuera de temporada según la zona. Los ciclos de cada trufa, blanca, negra o de verano tiene sus propios tiempos y condiciones de crecimiento y recolección, lo que las hace distintas. Destacar que esta trufa y la negra, comparten condiciones de hábitat. También estéticamente son parecidas, pero el interior, el sabor y el aroma varían.

Características de la trufa de verano

Cada ejemplar varía en tamaño, que puede oscilar entre el de un huevo a una manzana. El peridio (exterior) de la trufa es negro intenso, de superficie irregular con verrugas piramidales y estrías longitudinales poco marcadas. En cuanto a la gleba (interior) es claro, color avellana y veteado blanco. Su aroma suave y su buena resistencia a la cocción favorece un variado uso en cocina: desde ensaladas, carnes y pescados, marida muy bien con platos frescos.

Un diamante en bruto

La trufa es un manjar que hay que probar al menos una vez en la vida, en todas sus variantes.

En especial, la trufa de verano no se la valora en toda su plenitud. Aunque su producción es mayor y su precio no sea tan elevado, por la estivum de mucha calidad puede llegar a pagarse el kilo a alrededor de 100 euros. Esta especie es todo un manjar, que tiene su lugar incluso en cartas de restaurantes Michelín. No tiene nada que envidiar a sus hermanas y como hemos dicho anteriormente, en la cocina da mucho juego.

Hacer comparaciones es inevitable, pero no es justo compararlo con la trufa de invierno, ya que cada una tiene sus características, aromas y sabores que las hacen únicas. No hay que dejarse llevar por el desconocimiento y sí disfrutar de lo que la tierra nos ofrece. Así que ahora que estamos en plena temporada, aprovechad y no dejéis pasar la oportunidad de probar esta delicatessen.

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